El ahora septeto presentó su último trabajo de estudio producido por Cachorro Lopez. Con un Luna Park lleno repasaron gran parte de su discografía y hasta se dieron el lujo de invitar a La Franela a tocar un tema de ellos.
Tres años pasaron para retornar a uno de los lugares más emblemáticos de la Ciudad de Buenos Aires. Y no digo, “del rock” o “de la música” porque si bien ahora es tiempo de espectáculos en el Luna Park, nació  como templo del box. “Puede que esta sea la última en mucho tiempo” dijo Cordera en el marco de las “lunas llenas en el Luna”; mensaje que no fue descifrado por muchos. Quizás, algunos lo olían, otros ni por asomo se imaginaban que el excéntrico cantante y compositor daría un paso al costado.
Pero el tiempo pasó. Y pasaron De Bueyes, La Fisura, La Demanda… proyectos individuales aunque colectivos. Discos, recitales menos masivos, la vuelta al under. Y un día, Bersuit Vergarabat volvió. Y ya va para un año: qué mejor que homenajear el renacer de la banda con un disco y una presentación en el Luna Park, como en las viejas –o no tan viejas- épocas.

Dos pantallas gigantes a los costados del escenario transmitieron el partido de la selección argentina para que los bersuiteros amenizaran la espera. Apenas finalizó el cotejo las luces bajaron, los corazones aumentaron sus pulsaciones y las gargantas se encendieron. Cuenta regresiva en la pantalla de fondo y los músicos salieron al escenario que ahora se recuesta sobre la popular que da a la calle Lavalle antes de llegar al cero. Saludaron a su público e irrumpieron de lleno con Cambiar el Alma: bien arriba con esa cumbia-rock pese a algunos inconvenientes en el sonido. “Un poco de hoy y de ayer” decía Daniel Suárez post La serpiente y previo a La Soledad, uno de los hits siempre coreados por la monada.

El campo estaba lleno. No rebalsaba de gente, es verdad. Pero contaba con la cantidad justa de gente para que nadie la pase mal, para que nadie se desmaye. Lugar ideal para que los que quisiesen bailar lo hicieran, para que los que quisieran hacer pogo lo hagan también. No tardarían en llegar algunos temas viejos: Desconexión Sideral, con la incursión de Juan Subirá cantando gran parte de la canción, y De onda, con un Albertito Verenzuela ubicado –como siempre- a la izquierda del escenario. El guitarrista permanecería en el centro de las miradas, ya que le tocó el turno a otro tema de La Revuelta: Es solo una parte, esa que en el disco cuenta con la participación de Andrés Calamaro.

Los brazos se balanceaban de acá para allá durante Danza de los muertos pobres, y mientras algunos bailaban otros saltaban mientras se esuchaba El Viejo de Arriba. Párrafo aparte acá: como en aquel recordado Quilmes Rock del 2008 (los memoriosos recordarán el compartir fecha con La Vela Puerca, Intoxicados, Marea y La Mancha de Rolando en River Plate) tras el cierre de la canción llegó un final atípico donde toda la banda terminó cantando “vamos cachaca que dure y que perdure en la maison de Joan”. En la noche del sábado la canción terminó y desde el centro del campo resurgió esa vieja premisa, y con Osky Righi arengando al público desde arriba del escenario, la banda le dio el gusto a sus seguidores, llevando ese momento a uno de los más altos de la noche. A continuación una versión un tanto retocada de Perro amor explota, que nunca falla.

Suárez tomó el micrófono y pidió por la despenalización de la marihuana y no recibió más que aprobación desde el público. Hojas verdes poblaron la pantalla que se encontraba a espaldas de la batería de Carlos Martín y frenéticamente comenzó a sonar Dios te salve, un cuarteto que se las trae.
Y si me pintan la cara, hoy no me voy a achicar” cantaba Verenzuela que hizo a dos voces Toco y me voy junto con Suárez en una versión exquisita, que combinó voces de Germán “Condor” Sbarbatti también, además del multifacético y polifuncional Mariano Campoliete. Allí también participó Alejandro Carballo, con su bombo murguero, integrante de La Fisura, banda del proyecto de Subirá. Con el “bombista” se abrió el ciclo de invitados. Y fue clave, porque el show estaba necesitando de un giro, de algo trascendental para la noche: algunos pocos lo vieron en vivo en el Megacústico o lo escucharon por la radio, pero no todos pudieron escuchar la soberbia versión de Ruego cantada por Hector “Limón” García y acompañada por Charly Bianco –integrante de Bersuit en los inicios- siendo otro de los puntos más altos de la noche (no el más, falta aun). Para bajar un poco, el primer tema de la noche proveniente del disco Testosterona se hizo presente: Barriletes, bajo el mando de Pepe Céspedes que dejó el bajo para tocar la viola acústica.

Más de La Revuelta y más invitados: Cachorro López, productor del disco ocupó el bajo para una muy armoniosa versión de Santa Cecilia. De la mano llegó No te olvides –con algunos gestos apelando a la memoria por parte de Suarez y Righi- en la que se lució la voz de Pepe Céspedes en el último tramo de la canción y contó además de Lopez que continuó en escena, con Sebastián Schon en el teclado (coproductor del disco en cuestión). Más invitados: Miguel Suárez –bajista de La Fisura- se sumó a los coros para la siempre tan querida Negra Murguera, donde el que se lució fue Manu Uriona que bailó al compás de sus platillos y a la par de los demás músicos. Bianco volvió a subir para una de las canciones con mayor contenido simbólico, social y político de la banda: Vuelos.

Con el video clip de fondo, Esperando el impacto, de letra y puño de Righi, también dijo presente, y mostrando a Martín Pomares demostrando sus dotes desde las seis cuerdas. Otra de las canciones bien estructuradas que tiene el nuevo disco que dijo presente fue Así es que contó con la participación de German Wiedemer –quien tocara el teclado en De Bueyes-.

Y acá si me permito blanquear y poner sobre la mesa un puñado de subjetividad que puedan arrojar mis palabras: Tito al frente del escenario, sin guitarra solo con micrófono llevó el recital a su momento cumbre. Y no por lo musical, porque quizás Cargamos no es un tema que resalte por la línea de voz ni por la música emitida por los instrumentos propiamente dichos. Pero Verenzuela la cantó con las entrañas mismas, desde las vísceras, con el alma de un activista, con el corazón de un militante. Recorriendo prácticamente los últimos 35 años de historia, insisto fue el punto más alto del show.

Y ahora sí: subamos un poco –o mucho-. Más de Tito con su Porteño de ley (donde mechó un ricotero Preso en mi ciudad), y a continuación al menos 30 muchachas desfilaron por el escenario sacudiendo sus esqueletos –para no utilizar otra expresión- durante La Petisita culona, proveniente de Hijos del Culo, quinto trabajo de estudio de Bersuit Vergarabat. Palabras sueltas, algunos versos de La Argentinidad al palo, que como siempre mantuvo en llamas el campo y provocó los pogos más grandes de la noche. El segmento final del recital estaba comenzando, y para ello contaron con la presencia de algunos de los miembros de Los Auténticos Decadentes que le aportaron su impronta al tándem Yo tomo y Se Viene. Para cerrar, La Bolsa.

Cierre mentiroso, como lo hacen todas las bandas. Unos minutos luego del parate, Suarez y Righi volvieron solos al escenario. Como en las viejas épocas –acá si viejas- invitaron a otra banda a participar del concierto. “Dejando los egos de lado” aseveró el vocalista. Tras eso, La Franela ingresó a escena y tocaron Hacer un puente – en las pantallas pasaron el video clip del que participa Osky-. Algunos se sorprendieron para bien otros quizás no lo tomaron así porque querían ver a Bersuit, pero ni bien la banda liderada por el ex piojo Daniel “Piti” Fernandez salió de escena, comenzó a sonar de fondo el loop de la introducción de Sr. Cobranza, otra de las infaltables en estos últimos tiempos. Sin nombrarlo, pero dedicado explícitamente al ex vocalista llegó Afónico que hizo vibrar el Luna Park ya encarando el cierre.
Vamos a cerrar bien a lo argentino con una chacarera” dijo Dani antes de agradecer al público. Carlos Martín tomó un bombo legüero y Subirá con el acordeón reemplazó el violín que en el disco grabó Javier Casalla, y sonó La Revuelta.
El cierre fue conmovedor: catorce músicos en escena. Bersuit, y todos los allegados a Bersuit –integrantes de La Fisura y De bueyes- en combinación armoniosa y sonando prolijamente ensayaron una muy linda versión de Un pacto.

Hay quienes no se sorprendieron con la lista de temas, a algunos les gustó a otros les encantó. Otros se sintieron defraudados porque no tocaron temas viejos. La realidad marca, así como afirmó Suarez previo al cierre del concierto, que una banda con 10 discos y más de 20 años de historia se le complica armar su repertorio, que pese a cualquier crítica, estuvo conceptualmente bien armado: hits, algunos temitas viejos y casi todo el disco nuevo, siendo La Revuelta de Bersuit Vergarabat a las grandes ligas del Rock Nacional con el lleno de un lugar como el Luna Park.

Crónica: Martín Ciraolo
Fotos: Gentileza Cristhian Gamara - Look Alive (ver más!)

2 comentarios :

  1. Muy buena nota, se notan las ganas de escribir y la pasíón por el rock y La Bersuit.

    Te saluda un bersuitero de alma.

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  2. Excelente nota, mil gracias por compartirla.

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